Dormir y comer como en casa a los pies de la montaña mágica

El matrimonio de Sant Joan de Vilatorrada formado por Pepita Seguí y Josep Maria Torra se muestran orgullosos, con una sonrisa de oreja a oreja, de poder celebrar el cincuenta aniversario de lo que aseguran que ha sido para ellos su cuarto hijo.
Oficialmente sólo tienen tres, pero el Hostal Pedraforca ha convertido en un miembro más de la familia. Y es que auqest proyecto al que adentrarse sin pensar y garebé por casualidad, se ha acabado convirtiendo en su vida.
es ahora que lo explican con una sonrisa de oreja a oreja, porque a lo largo de este medio siglo confiesan que se han visto de todos colores. << En mi vida >> habrían imaginado estar donde están ahora: jubilados y con el futuro encarrilado de este hostal situado en el municipio de Saldes, a los pies del Pedraforca.

En José María es mecánico y ha trabajado durante 35 años en la Pirelli y su mujer, Pepita, es modista. Como un mecánico y una modista de treinta años, sin experiencia en el mundo de la hostelería, se atrevieron a construir justo en medio de la montaña? Esto mismo se lo han preguntado muchas veces. << Yo tenía un compañero de trabajo que tenía casa en Saldes y medio en broma medio en serio hicimos comenzar con a plantear la idea de montar un refugio de montaña junto al Pedraforca >>, explica Torra. El 1965 comenzar con este proyecto junto con otro matrimonio con quien fueron socios durante unos años. << No teníamos ni experiencia ni dinero >>, añade Pepita, << y comenzamos con una mano delante y otra detrás. Fuimos haciendo de poco a poco el edificio, que comenzó con dos plantas y un ático >> No hubo ninguna inauguración oficial, porque cuando todavía estaban los obreros, algunas personas ya demananven para alojarse, recuerdan .


711/5000
<< Enseguida empezamos a hacer ampliaciones y poco a poco íbamos haciendo mejoras >>, explican, << y cada año, cuando venían los clientes, ya tenían ganas de ver cuál sería la novedad de aquel verano. Cuando teníamos un poco de dinero, los invertíamos en alguna mejora, y nosotros incluso ayudábamos a los obreros >>, relatan. Una de las incorporaciones que recuerdan con más << terror >> es la instalación del sistema de calefacción. << Pensé que no lo podríamos pagar más, todo aquel dineral >>, confiesa Pepita. << Estuvo dos meses sin hablarme porque se enfadó conmigo para sacar adelante esta obra >>, rie José María, << pero es que nos tiramos de cabeza, era muy caro >>, añade.

El edificio original ha evolucionado y ha crecido. Las habitaciones tienen baño, un gran restaurante con vistas al Pedraforca es la estrella del hostal, disponen de una terraza única y de veinte - y -cuatro habitaciones con capacidad para más de sesenta clientes. Lo que no ha cambiado tanto, creen, son los clientes. << Tenemos muchas personas fieles que vienen año tras año al hostal e incluso ya tenemos familias con tres generaciones que han pasado por aquí >>, dicen orgullosos. Ahora también hay muchos clientes nuevos y muchas personas que sólo vienen al restaurante a probar platos que nos han hecho famosos, como el arroz con setas. Para ellos, sin embargo, el trato familiar es << clave >> para trabajar de cara al público, << sean clientes conocidos o no >> y así lo han mantenido hasta que se jubilaron. Ya hace tiempo que al frente del negocio está Jordi Torra, uno de los hijos, y su mujer, Claudia Matamala, que han mantenido la esencia del hostal y también le han aportado un toque de modernidad en adaptarlo a los nuevos tiempos.

Las vistas, el entorno natural, el ambiente familiar que te hace sentir como en casa y la buena cocina son los principales atractivos para los visitantes. Así lo aseguran los que la han creado y hecho crecer. Un sello de identidad que esperan que no se pierda nunca.
                                                                                                                                                                                     Dani Perona - Regió 7, martes 16 de agosto de 2016